Una joya turística en Mérida
Primero fue cerro, un accidente geográfico que favoreció su construcción. Luego fue teatro romano, un monumento dedicado a la autoridad y la cultura. Finalmente, tras pasar siglos escondido bajo tierra, fue declarado Patrimonio de la Humanidad, como parte del fascinante conjunto arqueológico de Mérida. De esta forma, el teatro romano de Mérida se convirtió en la joya de la corona del turismo de la ciudad, rodeado de otras incontables gemas históricas. Entre estas podemos encontrar el anfiteatro romano, el circo romano, la casa del Mitreo, el puente romano, el templo de Diana, la Sala Decumanus de la calle Santa Eulalia o la Plaza Margarita Xirgu. De entre todas estas atracciones turísticas, destacan las entradas para el teatro romano, por su historia y los fabulosos eventos que acoge.
Teatro y anfiteatro se unen al circo para conformar la famosa tríada cultural, el conjunto histórico que ha hecho de la ciudad de Mérida uno de los destinos turísticos más apasionantes y culturalmente ricos, ¡un paraíso de fascinación y maravilla! Los tres monumentos otorgaron a la colonia de Augusta Emerita, hacia los años 16-15 a. C, el poder y la presencia dignas del Imperio romano, cuyo cónsul, Marco Vipsanio Agripa, promovió la construcción del teatro. Gracias a esta figura inmortal, tenemos a día de hoy la posibilidad de presenciar, en el propio monumento, un festival de teatro que le devuelve su propósito original al recinto: el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.
La historia contra el tiempo, el abandono y los saqueos
En sus orígenes, esta resplandeciente demostración de poder de la capital provincial de la Lusitania, el actual teatro romano de Mérida, alzaba su graderío sobre la falda de un cerro y exponía, orgullosa, sus cuerpos de columnas en el Frons scaenae. Tan solo cierta parte de las gradas sobrevivió, durante siglos, al paso del cristianismo y su categórica negativa hacia el teatro, un arte que consideraba inmoral y, por lo tanto, desterró al abandono.
El monumento sufrió derrumbes a causa del tiempo, así como saqueos facilitados por la previa deserción del lugar, y pasó a ser conocido como las “Siete Sillas”. La pequeña parte visible del teatro recibió este nombre por la semejanza que guardaban sus bloques con asientos desmesuradamente grandes. Mitos y leyendas rondaron el lugar, hasta el inicio de las excavaciones en 1910. Dichas exploraciones arqueológicas destaparon la joya que yacía, dormida, bajo la tierra de Mérida y aportaron ingentes cantidades de material al museo nacional.
La distribución radial de las escaleras, las imponentes columnas y el bellísimo escenario donde ocurría la magia hacía siglos despertaron al unísono, gracias a la detallada reconstrucción que se llevó a cabo. El arquitecto José Menéndez-Pidal y Álvarez se encargó de este loable trabajo y ofreció, a los espectadores del festival internacional de teatro clásico y las visitas guiadas, la posibilidad de imaginar, en vivo y en directo, la majestuosidad del monumento en su época dorada.
Entradas para el teatro romano en Mérida, mucho más que un lugar
Desde 1933, se sigue escribiendo nueva historia sobre estas tablas milenarias. Mientras las visitas guiadas mantienen viva la legendaria trayectoria que ha experimentado el teatro romano a lo largo de los siglos, el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida, considerado uno de los más importantes de su género, trae nuevas e innovadoras representaciones a la escena.
La Medea de Séneca, en versión de Miguel de Unamuno, fue la obra que dio el pistoletazo de salida a la fascinante carrera del festival de Mérida, el festival de teatro más antiguo de todo el panorama nacional. La actuación causó tal furor que la protagonista, Margarita Xirgu, acabó dándole nombre a la famosa plaza colindante. Esta calidad es la que, a día de hoy, caracteriza al espectáculo y es otra de las razones por las que el teatro romano se ha convertido en una de las localizaciones más despampanantes de toda España, ¡un verdadero edén de arte y cultura!